Jesús Zurita, dibujante y pintor, plantea la creación de una pintura en colectivo que suponga un testigo de lo ocurrido en un lugar en un tiempo determinado. Descarta desde el comienzo una narrativa lineal o normativa para el desarrollo de la obra, y se vuelca por completo en las expresiones gráficas y expresivas de sus colaboradores/as.
En las primeras sesiones, Jesús propone una pizarra como lugar de encuentro. El artista queda fascinado por la exactitud, seguridad e intuiciones gráficas de cada miembro del colectivo. Emergen estructuras, se superponen las líneas y las formas, y van creando un vínculo personal.
Liberados de una necesidad de resultado final, borran la pizarra tras cada sesión y comienzan de nuevo el juego.
Con este bagaje y conocimiento mutuo, comienzan a trabajar sobre la superficie del cuadro. Esta vez no es posible borrar para volver a empezar, sino que cada huella o expresión plástica convive en capas translúcidas que se superponen, cruzan y solapan, creando así una suerte de tectónica de recursos plásticos.